10 de julio de 2026

8B+ como tsunami

James Pearson repite ‘Legacy’ sin cuerda, en Rocklands

El británico realiza la primera ascensión de 'Legacy' como un highball. Utilizando la graduación del boulder, le da un 8B+. En estilo deportivo, es el primer 9a que se escaló en el continente africano

James Pearson escalando en Rocklands
James Pearson en la sección final de 'Legacy', sin cuerda. Foto / Col. James Pearson
 

James Pearson ha encadenado Legacy, en Rocklands (Sudáfrica), sin encordarse. Considerado el primer 9a del continente africano, lo establecieron de forma compartida Fred Nicole y Giuliano Cameroni, en septiembre de 2019. Pearson ha escalado la línea tan solo con la protección de unos crash pads, a modo de tsunami, y siguiendo el sistema de graduación francés del boulder, le ha dado 8B+. Además de Nicole y Cameroni, la vía en estilo deportivo también está en las libretas de Paul Robinson y Paige Claassen.

«Este verano decidimos volver a Rocklands tras diez años desde nuestra primera visita. Es uno de los pocos lugares a los que hemos volado desde que nació nuestro hijo Arthur, pero tanto él como Zoellie no habían preguntado ya muchas cosa.s sobre La Reunión, donde Caroline nació, así que pensamos que sería importante que conocieran la isla, y bueno… Sudáfrica está relativamente cerca», ha puesto en contexto Pearson

Aunque tanto Pearson como Carolini Ciavalidini ya habían estado en Rocklands, «normalmente nos habíamos centrado en la escalada tradicional; prácticamente no habíamos tocado los bloques. Y puedo asegurar que el boulder no nos ha decepcionado».

James Pearson y Legacy

Compartimos el relato que James Pearson ha escrito acerca de su ascensión sin cuerda de Legacy:

«Primero, un poco de historia. Dave Graham fue quien vio originalmente esta línea, un muro de diez metros de impecable arenisca veteada en negro y dorado. Su idea inicial era escalarla como un highball: sin cuerda, solo con crash pads y amigos para proteger la caída. Por una razón u otra nunca llegó a intentarlo, y algunos años después la línea fue equipada con chapas por el local sudafricano Sean Maasch y ofrecida a Fred Nicole, quien comenzó a proyectarla cada temporada. Tras unos cinco años, Fred estaba muy cerca de encadenarla -incluso había llegado a caerse una vez después del paso clave-, pero las lesiones le habían dificultado el proceso. En aquel momento la vía se consideraba un «proyecto cerrado», una práctica bastante habitual en ciertos círculos de la época, aunque mucho menos común hoy en día.

Entonces, en 2019, Giuliano Cameroni pidió permiso a Fred para probarla y realizó la primera ascensión (con cuerda) después de tres días de trabajo. Fred la repitió apenas unos días más tarde, y Giuliano insistió en que compartieran el mérito, bautizando la vía como Legacy, el primer 9a de África. Desde entonces, Paul Robinson y Paige Claassen también la han repetido, igualmente con cuerda, aunque resulta interesante que ambos comentaran que la línea se sentía más como un problema de bloque que como una vía. La crónica de Paige en 2023 terminaba con algo parecido a: «Solo puedo imaginar que algún día alguien la escalará como bloque».

Llegué a Rocklands en este viaje con la cabeza llena de ideas de highballs y, después de encadenar The Finnish Line (8C) al principio de la estancia, empecé a preguntarme qué podría venir después. Hablé con Keenan Takahashi, que estaba trabajando en otros highballs cerca de allí, y tras escuchar lo que tenía que decir sobre Legacy fui a conocer la línea. La primera vez que me planté bajo el muro pensé: es grande, pero se puede hacer perfectamente.

Antes de continuar, quiero dejar algo claro: la forma en que Fred, Giuliano, Paul y Paige escalaron esta línea no solo es «válida», sino que es claramente la opción más sensata, teniendo en cuenta la altura, la recepción y la fragilidad de las presas en la parte superior. Hacerla sin cuerda suponía una auténtica misión logística: cargar una montaña de crash pads hasta el lugar, reunir a amigos dispuestos a situarse bajo una posible caída de consecuencias importantes y comprometerse con todo ello en un sitio donde lesionarse sería una muy mala idea. Pero la visión original de Dave para esta línea parecía un asunto pendiente, y además conectaba con mi forma de entender la escalada. La escalada no tiene un único formato correcto: siempre es una mezcla de ética local y preferencias personales.

Los primeros cuatro movimientos son, sin duda, la sección clave: presas pequeñas y resbaladizas con movimientos explosivos y muy dinámicos desde prácticamente el suelo. Resolví esa sección el primer día y después revisé la parte superior del muro utilizando una cuerda fija. Los movimientos de arriba son relativamente más sencillos, pero sorprendentemente sostenidos sobre regletas afiladas y frágiles, con la mayor dificultad justo al final. Tuve que encontrar un equilibrio entre la eficiencia y la necesidad de minimizar cualquier tracción hacia fuera sobre las presas para evitar romper alguna. El último movimiento es el más delicado en ese sentido. La forma más fácil consiste en realizar una marcada bicicleta usando el agarre lateral de la mano derecha, lo que permite alcanzar estáticamente el canto final: muy controlado, pero si esa presa se rompía saldrías despedido lateralmente del muro, lejos de las colchonetas. Yo opté por escalar de frente, con los pies bajos, buscando el canto superior con la otra mano. Un poco más difícil, pero una caída desde allí al menos sería predecible: con suerte, aterrizando con los pies por delante sobre el nido superior de colchonetas.

El segundo día regresé solo y probé la parte superior del muro sobre algunas colchonetas, simplemente para acostumbrarme a estar allí arriba. Empecé escalando y saltando, asumiendo caídas cada vez más grandes, dejando que la exposición se volviera algo normal. Al final de la sesión me sentía lo bastante cómodo como para saber que, si conseguía superar el inicio, tenía posibilidades reales de llegar hasta arriba.

Unos días después -hacía algo de calor, pero soplaba un buen viento-, un grupo de amigos subió todas las colchonetas que pudo encontrar y se colocó debajo del muro. Hubo muchas risas y bromas mientras organizábamos todo, y eso era exactamente lo que necesitaba para mantener baja la tensión. Les expliqué las secciones más delicadas, les dije que existía una posibilidad real de que el bloque inferior me llevara todo el día -o de que ni siquiera saliera-. Luego me puse los pies de gato, me colgué de las primeras presas y escalé hasta la cima.

Las sensaciones en la parte superior del muro fueron exactamente las que esperaba: calma, concentración y una presencia absoluta en el momento. El ruido de abajo solo llegó hasta mí durante la salida final. Fue como terminar una frase que otra persona había empezado.

Gracias a todos los que lo hicieron posible: Keenan Takahashi, Martin Käble y Ethan Pringle«.

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