Siempre me resisto a pensar –a veces en contra de mi voluntad– que cualquier tiempo pasado
fue mejor. Intento afrontar de una manera consciente que a toda generación le llega el momento
trágico de encontrarse atrapado en un mundo para el que no ha sido educado. El mundo cambia,
los tiempos cambian, y hay que aprender a empatizar con la mirada del «nuevo».
Cuando te crees que tienes la teoría interiorizada, asimilada, y estás preparado para el cambio,
de pronto, observas a un chaval «moderno», en un rocódromo «moderno», escalando con una camiseta de Davor Šuker. El mundo se va a la mierda.
Esto me ocurrió en 2016, la primera vez que pisé una sala de las de «ahora». Primero, para ponernos en contexto, puesto que los más jóvenes no sabrán a quien me he referido, quizás ni el propio zagal que vestía la camiseta, Davor Šuker fue un jugador del Real Madrid, amante, novio o lo que fuera de Ana Obregón. No me puedo parar a explicar quién fue esta última porque, más que nada, tengo que salir urgentemente del bucle en el que me he metido.
El caso es que «antes» era muy extraño ver a alguien escalando con una camiseta de fútbol y, aunque el detalle os pueda parecer insignificante, para mí fue fundamental para concluir que el nicho sociocultural de la escalada había entrado en una metamorfosis que ni la del escarabajo Hércules.
Entonces, días después, para comprender mejor lo que sucedía, recurrí al esquema de la evolución humana. Coloqué en el lugar del Australopithecus al alpinista; y así, sucesivamente fui sustituyendo a los homínidos por los distintos tipos de escaladores que hemos ido surgiendo. Es un ejercicio interesante que os invito a realizar, porque es una manera muy ilustrativa de ver la evolución de nuestra disciplina, de recordar a nuestros ancestros –algunos extintos y otros no–, y de comprender que la escalada ha ido ramificándose –y seguirá haciéndolo–, hasta microcosmos que hoy sólo mentes como la de Julio Verne podrían imaginar.
Con esta anécdota llegué a la conclusión que, muchas veces, las cosas no es que vayan a mejor o a peor; simplemente, es que son ya otra cosa. Pero eso sí, haced el favor, cuando vayáis a escalar, sed solidarios con la salud mental de los demás y dejad las camisetas de fútbol en el armario.
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