23 de junio de 2024

Visión futurista

Bernabé Fernández veía elefantes

Se cumplen 20 años de la primera ascensión de 'Chilam Balam', en Villanueva del Rosario, a cargo del escalador andaluz. La visión de Bernabé fue futurista y rompió esquemas, cánones y muchas barreras

Bernabé Fernández en Chilam Balam
Bernabé Fernández en 'Chilam Balam', en Villanueva del Rosario (Málaga). Foto / Mario Moreno
 

Cuando alguien realiza algo sorprendente, ya no te digo si es innovador, en un primer momento jamás reparo en eso que ha hecho. No porque no quiera, sino porque siempre me sucede lo mismo: se me plasma el rostro nítido del susodicho en la mente, como si de la aparición de un espectro se tratase, y mirándole a los ojos me pregunto qué forma tendrá esa persona de ver el mundo, cómo habrá sido educada, en definitiva, qué tendrá dentro de su cabeza para haber sido capaz de ver o hacer eso que está fuera de lo común.

Nos encontramos en el vigésimo aniversario del nacimiento de Chilam Balam, o lo que es lo mismo: hace veinte años que sucedió por última vez –y parece ser que se alargará en el tiempo–, algo innovador en la escalada deportiva. Si lo analizáis, no hay en el mundo ninguna vía con una idiosincrasia propia que haya surgido a partir del 2003. A excepción de Es Pontàs, pero como veis, no es una línea de escalada deportiva.

El caso es que escribiendo esto me vienen a la cabeza dos cosas: un recuerdo y una metáfora. El primero es un recuerdo sobre una conversación con Dani Andrada que me dijo literalmente que «si la Chilam Balam se equipase hoy seguiría siendo innovadora, imagina». Y la segunda cosa que me ha venido a la cabeza es la famosa metáfora del elefante en el cuarto. Esos monstruos extraplomados siempre estuvieron ahí, pero sólo Bernabé Fernández fue capaz de ver lo que hoy es obvio. Sólo él fue capaz de ver el elefante en el cuarto.

Después de analizarlo mucho, llegué a la conclusión que la diferencia entre esta gente y el resto es tan simple que se convierte en algo extremadamente complejo. Esta gente cuando mira ve lo que hay, mientras que el resto cuando miramos sólo vemos lo que esperamos ver.

El final de la historia ya la conocemos: aturdidos perdiendo el tiempo en que si el grado, en que si la ha hecho o no, o en que si tendría que hacer 9a a vista. En definitiva, cegados por una especie de leyenda negra, fueron incapaces de ver cómo, desde Málaga, un malagueño –y la redundancia es premeditada puesto que para algunos parece inverosímil al no tener apellido anglosajón– había dado el pistoletazo de salida a una nueva época en la escalada deportiva.

P. D. Al terminar de escribir el último párrafo –y por ende, el artículo– me han venido a la cabeza unas palabras de Jonathan Swift: «Cuando en el mundo aparece un genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él».

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