24 de abril de 2024
E9 Planet

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Equipadores

Aperturistas de lo inútil

¿Cuáles son los motivaciones a la hora de equipar una vía? ¿Existe un protocolo, unas normas? Sin el trabajo y esfuerzo de los equipadores la escalada deportiva no existiría, aunque no todo vale

Dani Andrada escalando en Siurana
Dani Andrada, incansable equipador y escalador. Foto / Pau Alonso
 

Con permiso de Lionel Terray, no se me ocurre un título más eficaz ni más claro ni más descriptivo para tratar un tema tan antiguo como actual.

¿Cuántas veces habéis escuchado el mantra de que equipar es una aportación indispensable y hasta que debería ser una obligación moral? Aunque aplaudo este mensaje, creo que para que siente cátedra, no puede ir separado de una ley de oro no escrita que dice así: «Nunca os envalentonéis a equipar si no os nace de vuestros adentros».

Y esto, ¿por qué? Pues porque es complicado, prácticamente imposible, que algo que no nazca ni se desarrolle con motivación se traduzca en algo luminoso.

Abrir con lucidez es un proceso muy avanzado dentro de la inagotable e inacabable carrera como escalador. Pero, ¿qué es eso de «abrir con lucidez»? Eso ya… espero que se lo responda cada uno. Este artículo no es ni pretende ser un discurso clerical.

Mientras estoy escribiendo, se me ocurre preguntar a José Luis Palao y a Dani Andrada que me resuman en una frase por qué equipan. El primero, me responde que «por seguir con lo que me inculcaron desde mis inicios», y el segundo, se pone más tierno y me contesta que «ahora por pasión y por creatividad». Pienso un poco en sus respuestas, y sigo escribiendo; aunque ya sin rodeos. Vayamos al grano.

Os animo a que miremos desde la distancia, desde un telescopio.

Asomaros y veréis aperturistas con un gusto exquisito, mientras que otros –a veces por estupidez y otras por exceso de motivación– abren cosas que harían vomitar a una cabra. E, inexplicablemente, vemos que hay quienes los lunes, los miércoles y los sábados pertenecen al primer grupo, y el resto de días de la semana, tropiezan y caen en el segundo.

Al aumentar la distancia focal de nuestro telescopio vemos como algunos, inundados por el pensamiento mágico, sufren cada vez que eliminan el patinoso liquen, mientras que otros, incapaces de alinear los dos ojos en un mismo objetivo, parece que le cedan el cepillo a un mono. También podemos observar parabolts y químicos puestos al detalle; y otros, que los han tenido que poner, porque no puede existir otra explicación, con la luz apagada. Si nos fijamos bien, hay genios y chapuceros del bricolaje –normalmente inmersos en una incapacidad crónica para ver más allá de sus ombligos– y aperturistas, en cambio, generadores de un resplandor tan especial que, al escuchar sus nombres, difícilmente podemos evitar sentir una gran admiración.

Podríamos estar así de manera indefinida. Y como veis, es imposible, para bien y para mal, no sentirnos identificados con algunas de las anteriores actitudes, o haberlas visto, incluso, en alguien, todas juntas.

En resumen, la reflexión es clara: todos son y somos, en ocasiones, aperturistas de lo inútil, la cuestión está en aprender de los errores para intentar no volverlos a cometer.