El británico se convierte en el primer escalador capaz de anotarse durante el mismo año un E11 y un 9b. En mayo encadenó 'The Full Journey', en Margalef
Buster Martin en Rhapsody E11 7a, en Dumbarton Rock. Foto / Monoculture Films
Buster Martin ha realizado la novena ascensión de Rhapsody, el primer E11 del mundo, en Dumbarton Rock (Escocia). El británico ha dado el salto directamente del E4 a E11, con muy poca experiencia en escalada tradicional y aprendiendo la mayor parte sobre la marcha.
Cinco meses después de su primer 9b, The Full Journey, en Margalef, Martin se une a un grupo muy reducido, junto a Adam Ondra y Steve McClure, de escaladores que han encadenado tanto un 9b como un E11. Es el primero en conseguir ambas cosas en el mismo año natural.
Rhapsody comienza por una fisura de 7c+ que comparte con Requiem, la vía de Dave Cuthbertson de 1983 y el primer E8 del Reino Unido. Después sale a un desplome muy duro: unos 10 metros sin protección y una escalada de 8c+ sobre presas muy pequeñas. Solo un puñado de vías en el mundo son más difíciles.
La primera ascensión de Rhapsody la firmó Dave Macleod en 2006. Fue el primer E11 del mundo, que correspondería a un 8c+/9a en la escala francesa.
9b y E11 en un año, el relato de Buster Martin
«Al crecer, la escalada tradicional británica que aparecía en las revistas especializadas era probablemente lo más importante del mundo para mí. Leía todo lo que podía sobre Pete Livesey, Ron Fawcett y Johnny Dawes, y después sobre la generación con la que crecí en las revistas: James Pearson, Ryan Pasquill, Dave MacLeod y Steve McClure.
La vida me llevó en otra dirección. Vivir y entrenar en los trópicos, con viajes a Provenza y Catalunya; todo quedaba muy lejos de Dumbarton. Pero Rhapsody era una vía que siempre había querido hacer. Simplemente nunca supe cuándo llegaría el momento.
La escalada me había enseñado cosas sobre la vida, y la vida me había enseñado cosas sobre la escalada, y quería plasmar todo eso en algo. Así que me marqué un objetivo: 9b y E11 en un año.
Había cosas que quería demostrarme a mí mismo: perseverancia, respeto por la naturaleza y respeto por los compañeros de escalada. Había visto esas cualidades en otras personas. Quizá al principio del proceso no formaban parte de mí, pero creo que ahora estoy un poco más cerca de ser alguien capaz de superar estos retos.
Rhapsody era la prueba adecuada, porque sentía que partía de cero. A pesar de toda mi experiencia en escalada deportiva, creo que eso solo me había llevado hasta la mitad del camino. Lo que sí me había dado era la capacidad de aguantar bajo la lluvia, entender los obstáculos que podía encontrarme, seguir empujando y mantener la calma. El proceso de encadenamiento en sí fue bastante tranquilo.
Aprender a utilizar el material de protección fue una parte importante de la experiencia, y también una parte fundamental de lo que hizo que me sintiera seguro. La tienda de escalada Outside me ayudó muchísimo. No tenía patrocinadores ni estaba vinculado a ninguna marca concreta, lo que me dio la oportunidad de asegurarme de que utilizaba el mejor material para el trabajo.
Documenté gran parte del proceso en las redes sociales, y fue realmente motivador recibir tanto apoyo: amigos y desconocidos que ofrecían consejos sobre material, tácticas y aseguramiento, fotógrafos e incluso gente que me ofrecía un sitio donde alojarme. Me encantó.
El ambiente aquel día fue fantástico. Entre intentos, charlaba con amigos en la pared, mientras mis compañeros de escalada y algunos visitantes foráneos estaban por allí. El ambiente era muy bueno, y eso hizo que todo resultara mucho menos intimidante que aquellos días grises, solo y haciendo top-rope.
El último pegue fue una batalla. Estaba muy hinchado de brazos y simplemente me aferré a la roca. Recuerdo mirar hacia abajo, hacia el último seguro, pero me sentía como una versión diferente de mí mismo, casi como si estuviera viviendo una experiencia extracorpórea. Al mismo tiempo, desde luego no estaba en un estado de fluidez. Era más bien un estado de caos, luchando por mantenerme en la pared. Rhapsody es lo bastante segura como para que puedas tirar con fuerza, pero también lo bastante aterradora como para que, desde luego, no quieras caer. Es un equilibrio perfecto.
Este último año ha sido muy intenso. O estaba con los pies metidos en unos pies de gato o delante del portátil. He tenido que trabajar muy duro para escalar estos grados en ambas disciplinas mientras trabajaba a jornada completa.
Ahora, me encantaría llevar las cosas un poco más lejos. Mi furgoneta en Francia está cerca de Bon Voyage, así que voy a probarla. En primavera estaba haciendo buenas conexiones en Café Colombia, así que también intentaré esa vía este año. Pero antes que nada, definitivamente necesito ponerme al día con el sueño».
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