Minimalismo y libertad

Vivir en 10 metros cuadrados

¿Te imaginas dejándolo todo para vivir en una furgoneta? ¿Serías capaz? Seguramente no necesitas ni la mitad de las cosas que tienes en casa para vivir.
Marta Palou
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Marta Palou vive en su furgoneta
Vivir en la furgoneta, una casa de 8 m2. Foto / Col. Marta Palou

La primera vez que estuve en Rodellar tenía 15 años. Fui de vacaciones con mis padres y me fascinó el lugar. A medida que cumplía años me escapaba allí más a menudo, por vacaciones, algún fin de semana), … hasta que, durante mi último año de universidad, pasé más tiempo allí que en la facultad de INEFC.

Cuando terminé el grado en mayo de 2019 me fui a vivir a este fantástico lugar de la Sierra de Guara. Así podía estar más cerca de la roca y escalar a diario. Me puse a trabajar en el aparthotel Valle de Rodellar y camping El Puente y también continué haciendo entrenamientos online a unos cuantos escaladores y escaladoras con los que ya trabajaba desde hacía tiempo.

Rodellar es un pueblo pequeño, con unos cuarenta y cinco habitantes, donde casi no hay casas en venta o alquiler y las pocas que se pueden encontrar tienen unos precios altísimos. La demanda supera con creces a la oferta. El primer año tuve la suerte de poder vivir en una casa con un alquiler muy bajo y el segundo me mudé al aparthotel, donde me acogieron con mucho cariño. Allí conocí a mi pareja y me acabé mudando para vivir con él en su furgoneta.

Vivir en 10 metros cuadrados

Jamás había imaginado que viviría en una furgoneta, pero las circunstancias me han conducido a ello y me siento muy a gusto. Ya llevamos un año los tres (cuento a mi gato, Trapín) y no nos falta de nada. Eso sí, la limitación de espacio me llevó a tomar la decisión de comprar una furgoneta más grande y ahora las estamos camperizando para una próxima mudanza.

Para mí, los pros de vivir en una furgoneta superan con diferencia a los contras. Siempre llevas tu casa contigo; puedes disponer de muchas de las comodidades que tienes en un piso (como cocina, nevera, ducha, calefacción o armarios); puedes dormir cada día en un lugar diferente; no has de pagar alquiler, luz, gas y gastos de comunidad; eres libre de estar donde quieras cuando quieras y energéticamente eres autosuficiente.

Por contra, la energía y el agua son limitadas y vives en un espacio muy reducido, por ejemplo. De todas formas, el tema del agua y del espacio pueden ser algo positivo o negativo, según como lo mires. No desperdicias agua, ya que las duchas son de tres litros, los platos los friegas con el agua justa, y en mi caso, no tengo inodoro y no gasto agua al tirar de la cadena.

Marta Palou y su furgoneta
Nuevo proyecto en marcha. Una “casa” más grande a la que mudarse. Foto / Col. Marta Palou

Disponer de un espacio limitado te obliga a tener solo las cosas que realmente utilizas y necesitas. Cuando vivía en casa de mis padres tenía una habitación para mí sola llena de trastos. Al instalarme en Rodellar me llevé única y exclusivamente lo que realmente necesitaba: ropa de montaña, material de escalada, el ordenador portátil y algo de ropa para arreglarme. Todo lo demás, que son muchísimas cosas, se quedaron en mi habitación.

Es importante tenerlo todo muy ordenado y aprovechar al máximo el espacio del que dispones. No me gusta, por ejemplo, acumular cosas encima de la mesa o de la encimera. Cada utensilio ha de tener su sitio y una vez que lo has utilizado lo has de volver a guardar. Un ejemplo práctico: cuando hago café saco la cafetera, el café y el agua y una vez hecho lo vuelvo a guardar todo en su lugar. Es sencillo, pero si no eres una persona ordenada por naturaleza, es necesario cambiar ciertas costumbres.

“Vivir en una furgoneta es iniciar un camino hacia el minimalismo”

Cada furgoneta tiene una distribución distinta del mobiliario (cama, cocina y mesa básicamente). Nosotros de momento vivimos en una muy pequeña y aún así tenemos muy bien distribuido el espacio: una cama fija, un cajón muy práctico debajo de ésta, donde guardamos la ropa, una mesa que anclamos a la cama y dos muebles (uno de ellos desmontable).

Otro problema con el que te puedes encontrar al vivir en una furgoneta es que hay lugares en los que no te permiten pernoctar. Además, aunque no pagas alquiler, hay que pagar el seguro del vehículo, la ITV y el mantenimiento y reparaciones que correspondan. Tampoco es lo mismo conducir una furgoneta que un coche. Hay muchos sitios en los que no puedes aparcar o que son de difícil acceso. En mi caso, tengo también un coche pequeño que utilizo cuando voy a comprar, al médico, etc.

Libertad y minimalismo

Uno se acostumbra a lo que tiene. Está muy bien vivir en una casa con agua y electricidad ilimitada (si pagas las facturas religiosamente, claro), calentador, baño, lavadora, espacio de sobra. Todo esto te facilita la vida, como mínimo la que se entiende por normal o estándar según la sociedad moderna. Pero tampoco hay nada de malo llevando una vida más sencilla y prescindiendo de ciertas comodidades. Aunque mentiría si no dijera que a veces pienso en una bañera de agua caliente, pero como no la tengo no pasa nada. ¡Eso sí, aprovecho las visitas a casa de mis padres para bañarme en una!

Antes vivía en una ciudad y me gustaba, pero anhelaba una vida más relajada y en contacto con la naturaleza. Sin ruido, sin contaminación, con menos ataduras. Asocio la vida en una furgoneta con libertad y minimalismo. Creo que vivir en una furgoneta es iniciar un camino hacia el minimalismo.

Puede parecer una tontería, pero liberarte de lo innecesario a veces no es tan sencillo. ¡Nos han enseñado a almacenar y a consumir! Después de un año viviendo en una furgoneta, cuando mi pareja me dice “podemos comprar esto” o nos ofrecen o regalan algo, casi siempre digo que no. ¡Si no lo vamos a usar y ocupa espacio!

Algunos bienes materiales nos facilitan la vida, pero no hay que darles más valor de la cuenta, tampoco al dinero. Puedes tener mucho dinero, pero seguramente tendrás poco tiempo libr; o puedes tener mucho tiempo libre y poco dinero. Yo tengo claro qué me hace feliz.

Cuando bromeamos con los amigos y digo que no tengo nada es porque no tengo nada. Solo tengo una furgoneta que ahora estamos camperizando y un gato que cualquier día se cansa de mí y desaparece. Vivir en una furgoneta hace que tu vida sea más humilde, te cambia la manera de ver el mundo.

Este modo de vida me ha enseñado que queremos muchas cosas, pero en realidad no necesitamos ni la mitad de ellas. Poniéndolo todo en una balanza, para mí, lo bueno de vivir sobre cuatro ruedas supera con creces lo malo.

¿Te imaginas dejándolo todo para vivir en una furgoneta? ¿Serías capaz?

Marta Palou
Escaladora y entrenadora profesional.
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