Aitziber Narbaiza, fotógrafa de escalada: «Todo empezó por unos buenos amigos a los que acompañaba en sus días de fanatismo»
Un cuidado tratamiento de la luz y atrapar escenas que en muchas ocasiones podrían pasar desapercibidas hacen especiales las imágenes de esta fotógrafa vasca. Su estilo es personal e intransferible
Eneko Arietaaraunabeña en el último pegue del día, en Mugarra. Foto / Aitziber Narbaiza
Aitziber Narbaiza tenía 20 años cuando cayó en sus manos la primera cámara. Ahora, tres lustros más tarde, es una de las fotógrafas de escalada más activas en España. Su principal terreno se juego es Euskadi, donde ya ha trabajado con gente como Ainhize Belar o Mikel Linacisoro. Reconoce que encontrar su identidad propia «tampoco ha sido tan fácil. No te compras una cámara y de pronto la inspiración se apodera de ti convirtiéndote en fotógrafa, esto tiene sus altibajos, como todo en la vida». Vamos a conocerla un poco mejor.
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«Tengo la suerte de trabajar en el sector de la escalada y sí, muchas veces esto incluye agarrar la cámara y hacer lo que más me gusta»
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¿Cómo y cuándo te inicias en el mundo de la fotografía?
El mundo creativo siempre me ha atraído y antes de la fotografía dibujaba muchísimo, pero cuando aún estaba en el instituto me dejaron una cámara analógica y aquello me abrió un nuevo mundo. De alguna forma comparaba la fotografía a dibujar, solo que en lugar de lápiz y papel usaba un cacharro con botones y ruletitas y la luz. Poco después me compré mi primera cámara y empecé a aprender cómo funcionaba esto de la fotografía a base de disparar mucho. Después estudié durante dos años un curso de fotografía que me permitió tocar muchos estilos y seguí buscando el mío propio… hasta hoy. Anda que no he dado vueltas hasta llegar aquí.
¿Te dedicas profesionalmente a la fotografía o lo compaginas con algún otro trabajo?
Actualmente trabajo en el Departamento de Comunicación y Marketing de Sputnik, rocódromos más que de sobra conocidos en nuestro país. Tengo la suerte de trabajar en el sector de la escalada y sí, muchas veces esto incluye agarrar la cámara y hacer lo que más me gusta. Pero claro que he fantaseado muchas veces con que la fotografía, sobre todo en el ámbito de la escalada, fuera un trabajo a tiempo completo. Aunque creo que el mundo de la fotografía cada vez está más infravalorado y si a eso le sumas que en este país todo son trabas para montártelo por tu cuenta…
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«Un día la escalada entró muy fuerte en mi vida y de pronto toda mi vida social y laboral giraba en torno a ella»
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¿Y en qué momento se unen tu pasión por la fotografía y la escalada?
Un día la escalada entró muy fuerte en mi vida y de pronto toda mi vida social y laboral giraba en torno a ella. Antes de eso, estaba a tope con la fotografía de surf y olas, pero la idea de entrar al agua con la cámara no me entusiasmaba. En la fotografía de escalada encontré similitudes respecto al surf en cuanto a preparación, acción y ambiente. Al entrar en el mundo de la escalada hice muy buenos amigos que me ayudaron en el proceso de cómo montar todo el tinglado de cuerdas, jumarear, etc. Esos mismos colegas fueron las primeras víctimas. Después ya no quería parar.
¿Es difícil hacerse un hueco en el mundillo de la fotografía de escalada?
Yo tuve la gran suerte de conocer a gente muy metida en el mundo de la escalada y cuando ellos iban a sectores donde las vías no eran para mi nivel encontraba motivación en sacarles fotos. Eso me ayudó mucho a desarrollar mi estilo y a mejorar en mis fotos y también me ha abierto muchas puertas para trabajar con gente nueva, ya que en este ambiente se conoce todo el mundo. Pero si partes de cero y no conoces a nadie en el mundillo, o le echas morro y te presentas, o recuerda que los fotógrafos de escalada necesitamos a un escalador para que haya foto. Así que esto va mucho de trabajar relaciones.
En todos estos años tomando fotos de escalada, ¿recuerdas algún momento con especial cariño?
Lo primero que me viene a la mente es la vía Begi Puntuan, el primer 9a de Ainhize Belar. La acompañé durante varias semanas a Etxauri para documentar el proceso, con unos madrugones locos, horas de no hacer nada entre pegues, incertidumbre por cuándo tendría esa foto celebrando el encadenamiento con su padre, que siempre le aseguraba… Hasta que llegó el día, una mañana fría con sus padres y su hermano presentes. Estábamos solos, caía una lluvia fina y no parecía que sería el día. Pero recuerdo perfectamente cómo nos miramos su padre y yo siendo ambos conscientes de que iba a ser el pegue definitivo. Te juro que ese día lloré emocionada mientras sacaba la foto chapando la cadena.
Ainhize Belar en ‘Begi Puntuan’, en Etxauri. Foto / Aitziber Narbaiza
¿Tienes algunos lugares favoritos donde fotografiar?
No tengo ningún sitio en particular, aunque si tuviera que elegir uno quizás sería Mugarra, en Urkiola. Una de mis mejores fotos está sacada ahí en un juego de luces y sombras que solo te lo da ese sitio a última hora de la tarde, cuando solo los más fanáticos siguen en la pared. Por otra parte, me encantaría volver a Yosemite, que fue donde se despertó mi curiosidad por la escalada, aunque colgarse de El Capitán son ya palabras mayores.
¿Tienes un feeling especial con alguien a la hora de fotografiar?
Como ya he comentado, todo empezó por unos buenos amigos escaladores a los que acompañaba en sus días de fanatismo, por lo que ya desde el principio para mi ese feeling estaba presente. A través de esta gente conocí a otra con la que he ido construyendo muy buena relación, que para mí, en ciertas sesiones, es vital. Cuando estoy en tierra firme quizás no pasa tanto, pero si me subo por la cuerda y me planto a dos metros de un escalador que está trabajando en su proyecto, me siento una intrusa en su espacio. Es por eso que necesito conocer a la otra persona para sentirme tranquila y confiada sacando fotos, de lo contrario, siento que puedo molestar.
Creo que quien ya conoce tu trabajo puede identificar rápido tus fotos porque tienen un estilo y personalidad característicos.¿Qué fotógrafos de escalada, y en general, te han inspirado?
Tengo que admitir que no sigo de cerca el trabajo de mucha gente, ya que siempre he querido encontrar mi estilo sin beber del resto. Pero si tuviera que remarcar el trabajo de un fotógrafo voy a mencionar a Bernardo Giménez, que lleva un rollo documental que me flipa. No es una foto sin más de un tío apretando a muerte (o sí), veo cierta intención de contar algo más con sus encuadres, su forma de jugar con la luz…
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«A veces se nos olvida lo que tenemos alrededor mientras escalamos»
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¿Qué tipo de fotografías de escalada te gustan más tomar?
Siempre digo que las fotos de acción son las fáciles de sacar, y aunque no faltan en mi portfolio, me mola más el lifestyle y ese rollo documental de tratar de contar algo más que una mano cerrando una regleta. Los momentos previos del escalador antes de enfrentarse a su proyecto me encantan, esa preparación, el momento de concentrarse y bajar pulsaciones para lo que viene… Y el buen rollo que gira en torno a un viaje de escalada, que tiene momentazos que como me pillen con la cámara en la mano van a ser congelados sí o sí. También me gusta alejarme y que el escalador pase a un segundo plano ante la magnitud de la pared y del paisaje, que a veces se nos olvida lo que tenemos alrededor mientras escalamos. Acuérdate de echar un vistazo a tu alrededor la próxima vez que chapes la cadena.
¿Cuál es tu equipo básico en un día de escalada?
El equipo básico en un día de escalada pesa más que yo, ¡jajaja! Hoy en día trabajo con una Canon, un 24-70mm que me cubre casi todo y aparte llevo un gran angular y un teleobjetivo para cosas más específicas. A eso hay que sumarle la cuerda, jumar, guíndola, mosquetones… ¿Sabes eso que te he contado de crear un vínculo con el escalador? Esto viene muy bien para que te ayude a subir todo el material a pie de vía.
¿Algún truco que quieras compartir a la hora de disparar desde la pared o desde el suelo?
No centrarse tanto en la persona que escala en el momento de la escalada, sino en los pequeños detalles que rodean esa escalada. Y no olvidarse de que el escalador que está al otro lado del objetivo también es una persona. Llévate algo más que unas fotos guapas de ese día compartido.
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