Si buscamos en el diccionario la definición de la palabra «sublime» leeremos: «Adjetivo: Excelente, admirable, lo más elevado en su género». Y esa es, precisamente, la definición de Free Solo.
Free Solo va más allá de cualquier documental filmado hasta ahora sobre escalada. Éste llega a un estadio superior, elevando la calidad a un nivel inimaginable.
Meru, Sherpa, Uprising Valley y The Dawn Wall eran hasta ahora los referentes más claros de que la forma de ver la escalada en la pantalla ha cambiado, pero visionar Free Solo supone traspasar la frontera del documental para llegar al verdadero cine en mayúsculas.
Quizá para los escaladores más fanáticos sean redundantes los primeros 45 minutos de filmación, sobre un total de 100 minutos, pero esto es diferente. ¡Olvidaros de otros vídeos o películas de escalada!
De hecho, el relato sigue un milimétrico guión que acerca la historia hasta el público más amplio, sin olvidarse de la comunidad escaladora. Aquí no hace falta hablar de grados de matices técnicos a los que estamos acostumbrados en otras filmaciones, para abarcar esa dimensión global donde cualquier espectador se sienta absolutamente atraído.
El trabajo de la directora Elizabeth Chai Vasarhelyi es asombroso, refinado, sutil. En el transcurso de la filmación se van introduciendo todas las piezas que conforman el entorno de Alex. Su novia Sanni, Tommy Caldwell, Peter Croft, la madre de Alex, Jimmy Chin y todo el increíble equipo de rodaje, y el film va incrementando poco a poco en pulsaciones y en emociones hasta el día clave, el día D.
Cuando Honnold despega del suelo entramos en una dimensión nunca vista. Es ahí donde se traspasa esa fina línea entre la realidad y la ficción, y las imágenes se convierten en algo mágico. La ascensión en un nuevo hito de la escalada y Alex en un mito viviente. El Capitan se convierte en un escenario brutal, inmenso y colosal, donde Alex Honnold y la roca envuelven la pantalla, bajo la mirada expectante del equipo de rodaje.
Toda esa angustia escondida durante días, meses, los puntos claves en los que Honnold había dudado sobre los movimientos, el crux de la vía, … Todo se convierte en flow y el norteamericano vuela literalmente por la pared.
Al final todos respiran y Alex sonríe, sonríe como nunca lo había hecho. Saben que han hecho historia. Alex Honnold alcanzó la perfección y nuestras retinas no olvidarán nunca esas imágenes. ¡Por cierto! Esto es cine, pero no olvidéis que fue real, muy real…
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