24 de junio de 2026

La motivación por bandera

Enrique Beltrán: «Vivimos un momento en la escalada en el que la gente se sobreestima mucho»

Honesto, constante, incisivo. El escalador turolense es uno de los más fuertes de su generación. Coincidió en las competiciones con figuras como Eneko Carretero, Mikel Linacisoro o Alberto Ginés y en marzo encadenó su primer 9b. Pero para él no es suficiente, quiere más

Enrique Beltrán escalador aragonés
Enrique Beltrán a pie de vía en El Racó de la Finestra, en Margalef, uno de sus sectores favoritos. Foto / Charlotte Veld
 

En lapso de 8 meses, Enrique Beltrán ha encadenado cuatro de las vías más duras del Racó de la Finestra, en Margalef. Es uno de los sectores en los que más tiempo ha pasado en las dos últimas temporadas y en el que se ha consagrado como uno de los escaladores más fuertes del momento. Gancho Perfecto 9a+, Mejorando Imagen 9a+/b, The Journey 9a+ y The Full Journey 9b+ forman un póquer mágico que espera completar próximamente con una quinta carta.

Originario de Monreal del Campo (Teruel), con 25 años, su gira gira completamente alrededor de la escalada. Son esa obsesión y esa constancia las que lo han llevado hasta lo más alto, hasta una cadena que todavía cree que puede superar. El 9b es el máximo grado que ha alcanzado por ahora y desea empujar sus límites más allá. La historia de Enrique no ha hecho más que empezar…

«Siento que empecé a escalar en roca un poco tarde. Hice mi primer 8a con 14 años»

¿Cómo te iniciaste en la escalada?

Empecé a escalar en mi pueblo, en Monreal del Campo, con mi tío Fran. Él es el presidente del Club de Montaña de Monreal y director de la escuela de escalada del mismo pueblo. A los cinco años ya estaba compitiendo en las pruebas de aragonesas y fue campeón de Aragón hasta los 17 años. No escalé en roca hasta los 11 o 12 años, cuando mi tío podía salía con él a la montaña los fines de semana. La primera escuela que visité fue Pozo Verde, en mi propio pueblo, y luego también Albarracín, Huesa del Común y Torralba de los Frailes. Encadené mi primer 7a pronto pero siento que empecé en roca un poco tarde. Posteriormente, empecé a escalar en sitios más importantes de la mano del Centro de Tecnificación de Escalada de Aragón, que en esa época dirigía Dani Moreno. Estuve en lugares como Rodellar o Margalef e hice mi primer 8a con 14 años.

Ahora es habitual iniciarse en la escalada a través de los rocódromos, al contrario de lo que pasaba hace unos años. Y en tu caso, además, compitiendo desde bien temprano.

Sí, empecé en las autonómicas, y a las 12 años ya competía a nivel nacional. Durante toda mi época como competidor, tuve algunos buenos resultados pero para mí no fueron lo suficientemente importantes como para seguir motivado en ese ámbito. A pesar de eso, pude cumplir uno de mis sueños, que fue ser campeón de España juvenil. En Monreal del Campo los medios que tenía para entrenar eran muy limitados y mis padres no me podían llevar a entrenar a otros sitios. Pero en general, es una etapa que disfruté mucho. Entrenaba entre cinco y siete días a la semana para intentar ser el mejor pero no era fácil. Competía contra compañeros como Mikel Linacisoro, Eneko Carretero, Alberto Ginés, … una generación muy fuerte. Cuando salté a la categoría absoluta, acostumbraba a entrar en las finales y hacía algunos podios, pero al no estar seleccionado a menudo para el equipo de la Selección Española de Escalada me desmotivó muchísimo. Ahí me empezó a llamar más la roca, era algo que disfrutaba de verdad y que me exigía un compromiso completamente distinto al de las competiciones. Y así hasta el día de hoy.

«El mundo de las competiciones me acabó llevando hasta lo que ahora es mi trabajo»

Para cerrar tu etapa como competidor, ¿qué recuerdas con especial cariño de esa época?

Me mudé a Huesca para poder entrenar en la sala de escalada Nowa. Estaba jugándome ser el campeón de la Copa de España de Dificultad a falta de una prueba. Hablé con Pedro y Jorge, socios de Nowa, y les pregunté qué podía hacer para que me dejaran entrenar gratis en su rocódromo. Me ofrecieron trabajo limpiando las presas y ayudándoles a equipar. Y así fue como me inicié en el mundo del equipamiento, en 2019. Pasado el verano empecé a trabajar como equipador en Bulderland, en Zaragoza. Hace bien poco me saqué el título oficial de equipador y en mayo tuve el privilegio de formar parte del equipo de route setters en la World Climbing Series Comunidad de Madrid. El mundo de las competiciones me acabó llevando hasta lo que ahora es mi trabajo. Estoy muy contento de ello.

Podrías haber escogido cualquier otra ciudad de España que también tuviera un buen rocódromo para entrenar. ¿Por qué Huesca?

Me había influenciado Dani Moreno y también algún compañero de la selección aragonesa. Me decían que era el sitio ideal para vivir si quería aumentar mi rendimiento, no solo pensando en la competición, sino ya en la escalada en roca. Vengo de un pueblo y una familia humilde y quizás por ese motivo, nunca he sido una persona ambiciosa en términos de resultados y objetivos. Siempre he escalado sin buscar nada a cambio. Lo hago porque me gusta y me sale tal que así. Siempre lo he dado todo, de manera natural, entregándome al cien por cien. La verdad es que ha acabado llegando todo solo. Cuando me mudé a Huesca nunca pensé que llegaría a encadenar un 9b, ni siquiera 9a+ o 9b. Siempre lo he dado todo y no tengo miedo al fracaso. Me doy oportunidades y siempre lo intento hasta que no puedo más. Cuando algo no sale, entreno más. No me gusta abandonar los proyectos.

De entre todas las vías más duras que están en tu libreta, ¿cuales han significado más para ti? 

Supernowa, en Vadiello, fue muy especial, por ser mi primer 9a y también porque fue el primer noveno de Dani Moreno, que siempre ha sido un referente y un ídolo para mí. Él me empujó a probarla. En esa época estaba estudiando y trabajando y podía combinar bien todas esas obligaciones con el proyecto, ya que tenía la vía cerca de casa. Fue muy especial. Empecé por la versión de 8c, luego la de 8c+ y finalmente la de 9a. El proceso me sirvió para aprender muchas cosas; cómo gestionar la presión, entender las condiciones, cuando descansar, etc. Empecé a ser más un escalador de roca y no tanto de competición.

Otro hito importante fue encadenar Gancho Perfecto, mi primer 9a+. No solo por el grado, sino porque llegaba de una temporada sin encadenar nada y estaba pasando por un mal momento a nivel personal a raíz de una enfermedad que sufría mi padre. Lo había apostado todo a esa vía y las cosas no estaban saliendo como esperaba. Me sacrifiqué muchísimo para intentar estar al nivel de la vía y conseguir cerrar el círculo. Me demostré a mí mismo que aunque hayan épocas malas siempre se consigue salir hacia delante.

Siempre has sido un escalador muy exigente con las dificultades propuestas, incluso en vías ya consolidadas. ¿Te sientes más identificado con cómo se graduaba hace unos años respecto a cómo se hace ahora? 

Siempre he sido una persona muy exigente, en todos los sentidos. Creo que vivimos un momento en la escalada en el que la gente se sobreestima mucho. Pensamos que somos más fuertes que las generaciones pasadas y desde mi punto de vista, creo que no es así. Tengo referentes como Patxi Usobiaga o Ramon Julián, que siempre han sido exigentes con el grado y yo coincido con ellos. Gente que ha llegado hasta lo más alto, que han sido campeones del mundo, y han ajustado tanto las dificultades, por algo será. Y creo que tiene que ser así. En los rango altos del grado, el salto es muy grande entre cada escalón y pienso que tienen que existir muchas derrotas y aprendizajes por el camino para conseguir subir de nivel. Incluso existen vías que todavía no se han repetido… Así que rotundamente sí, me gusta más cómo se graduaba antes.

También es verdad que las rodilleras han cambiado completamente el juego. Han aparecido nuevos métodos y tiene sentido graduar a la baja si una vía, por ejemplo, pierde intensidad o desaparece una marcada sección de bloque. Esa es mi postura y la voy a mantener. Escalar es algo que hago para mí y las vías que escojo como proyecto son retos personales, no las elijo para vendérselas a nadie. No me gusta engañar a nadie, ni a mí ni a mi entorno. Siempre daré mi sincera opinión, la que siento. Lo que sea correcto para mí puede generar controversia u opiniones diversas, pero el encadenamiento, al fin y al cabo, es mío y simplemente es mi visión del grado. Eso sí, creo que los que nos movemos en esos grados tenemos la responsabilidad de ser honestos y opinar siempre.

«Pensamos que somos más fuertes que las generaciones pasadas pero creo que no es así»

Gancho Perfecto, Mejorando Imagen, The Full Journey, No Pain No Gain y Patanics. Cinco líneas de renombre internacional y que ya forman parte de tu trayectoria como escalador. Llegado a este punto, ¿qué vía te gustaría encadenar en un futuro no muy lejano?

Una vía con la que sueño y para la que voy a entrenar de forma intensa y bien planificada todo este verano es Perfecto Mundo. Esta temporada pasada pude hacer todos los pasos y eso me motivó mucho. Me apetece empujar mis límites un poco más. Creo que The Full Journey no es mi límite y quiero ver que más puedo aprender y mejorar como escalador.

Has citado a varios escaladores que te han marcado, como Dani Moreno, Patxi Usobiaga o Ramon Julián. ¿Alguien más?

Mi tío Fran, con quien empecé a escalar, ha sido una figura clave en mi desarrollo como escalador. Él siempre me ha dicho las cosas buenas pero también las malas, las que a veces no quería oír. Me ha ayudado a crecer como persona pero también para llegar a ser el escalador que soy hoy en día.

«No me gusta volver a casa con la sensación de que no he hecho todo lo que podía en cada salida»

Recuerdo una mañana en Rodellar, muy temprano, en la que coincidimos. Tú ya volvías de escalar y me comentaste que regresabas de probar un proyecto. Entonces te ibas a trabajar a Huesca. Muchos de los escaladores que se mueven en los grados que tú estás realizando se dedican casi única y exclusivamente a la escalada, pero tú siempre lo has compaginado con el trabajo. Supongo que no debe ser fácil.

Sí, recuerdo esa mañana. Justo ahora estoy probando una vía en la Cueva de Alí Babá y también estoy pegándome buenos madrugones. Estoy allí unas tres horas y luego me voy a Nowa a trabajar. Como comentaba antes, soy una persona que cuando se centra en un proyecto, está dispuesta a todo para conseguirlo. No me gusta volver a casa con la sensación de que no he hecho todo lo que podía en cada salida. Para escalar según que vías, y en este caso concreto, las de Rodellar, la condición es un factor muy importante, así que para mí lo lógico es madrugar para escalar con temperaturas aceptables. Afortunadamente, desde que me levanto tengo mucha energía. A los 30 minutos de estar despierto ya estoy cien por cien activo.

Enrique Beltrán escalando en Margalef
Enrique Beltrán en ‘The Full Journey’ 9b. Foto / Jorge Díaz-Rullo

Te dedicas profesionalmente al equipamiento y últimamente has estado trabajando en las pruebas más importantes del calendario internacional y también en la cita del circuito internacional que se disputó en Alcobendas. ¿En qué punto te encuentras a nivel profesional? ¿Te apetece seguir creciendo como equipador?

He tenido una evolución muy rápida y positiva como equipador y me encuentro muy cómodo equipando tanto dificultad como boulder. Estoy en un buen momento, porque puedo escoger los sitios en los que quiero trabajar. Combino el trabajo en Bulderland y Nowa, que me va muy bien porque están cerca de mi casa, y además de las competiciones nacionales y lo vivido en Alcobandas, también estaré en la cita del campeonato europeo, en Montmeló (Catalunya), en julio. Creo que trabajaré en alguna competición internacional más este año también. La curva de aprendizaje es amplia todavía.

Aprovechando esta entrevista, me gustaría conocer tu opinión sobre el estilo de setting, sobre todo en el boulder, en las competiciones más recientes. Me da la sensación que se ha estancado un poco…

Es verdad que durante los dos últimos años, aproximadamente, no hemos visto nada nuevo en el boulder. Es muy difícil inventar nuevos movimientos. A veces éstos aparecen a raíz de un diseño rompedor en un set de presas o porque algún atleta hace algo que no se había visto todavía, pero es realmente difícil. A mí, lo que me choca un poco, y esto es una opinión personal, claro, que a veces en una competición de boulder no gana el competidor o competidora más fuerte. Evidentemente, la fuerza no lo es todo, pero en el boulder creo que sí que debería ser primordial. Creo que tendríamos que volver a la esencia, al fin y al cabo, el boulder se resume en resolver pasos duros en muy pocos movimientos.

¿Y no te gustaría dedicarte solo a escalar en roca? En países como Estados Unidos, por ejemplo, alguien con el 9b en su libreta seguramente podría tener la escalada como un trabajo a tiempo completo.

Es algo que nunca me ha planteado. He hecho tanto por la escalada sin esperar nada a cambio… Para mí, todo lo que estoy viviendo es un regalo. Es cierto que en España, y Europa por extensión, existe una ineficiencia respecto a Estados Unidos, pero no pienso en cómo sería mi vida si viviera allí. Me siento afortunado por lo que tengo y lo que hecho hasta ahora.

Con tanto tiempo que le dedicas a la escalada, ¿tienes hueco para algo más que te apasione?

No tengo mucho hobbies, pero por ejemplo, me gusta el frontenis. He jugado mucho desde pequeño e incluso había competido. Me gusta jugar de vez en cuando en Huesca todavía. También me gusta comer fuera de casa, descubrir restaurantes y gastronomías, etc. Pero al final, todo gira alrededor de la escalada.

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