ClimbAID, cuando la escalada es algo más

rocódromo Climbaid

Desde que descubrí la escalada siendo un joven adolescente confuso sin saber muy bien qué hacer (atrapado entre el mundo del fútbol y el ajedrez), mi vida ha cambiado por y para este deporte, creo yo que para bien (la verdad que nunca di la talla dando patadas a un balón).

La escalada me ha permitido viajar a lugares que nunca habría soñado, vivir momentos y experiencias únicas y, sobre todo, formar y sentirme parte de una comunidad con unos valores y unas características de las que me siento orgulloso.

En mayo de este año, en una etapa de mi vida en la que el rendimiento había pasado a un segundo plano -unos kilos de más tenían la culpa-, pude tomar perspectiva de la realidad más allá de unos números y unas letras. El papel de la escalada en la salud de la gente me llamaba mucho la atención, así que realicé mi trabajo de fin de carrera sobre la escalada terapéutica.

Lucas de Jesús voluntario en Climbaid
Un selfie para capturar la experiencia como voluntario en ClimbAID. Foto / Col. Lucas de Jesús

Una alumna y amiga del rocódromo donde daba clases me envió un enlace sobre una ONG que trabajaba con la escalada. Esta organización se llama ClimbAID y se dedica a llevar la escalada a jóvenes refugiados en Líbano, país fronterizo de Siria y Palestina, con una población de 5 millones de habitantes, de los cuales 2 millones (un 40%) son refugiados.

Lo hace utilizando un rocódromo móvil, una “roca rodante” (a rolling rock). Un camión- rocódromo con un gran trabajo de ingeniería detrás que permite que si Mahoma no va a la montaña, la montaña vaya a Mahoma. Creo que esta expresión nunca fue mejor empleada…

Mi experiencia como voluntario en ClimbAID

ClimbAID es una organización suiza que nace hace dos años. Surge gracias al esfuerzo de algunas personas que partían también de la idea de que la escalada es una actividad con infinitas ventajas que puede ayudar tanto a nivel físico, como psicológico y social, a multitud de adolescentes a los que la vida les ha deparado una situación difícil.

Cuando llegué allí, lo único que encontré entre los participantes eran personas como yo, muchos de ellos incluso tenían una edad similar a la mía. Su vida en Siria era una vida normal como la tuya y la mía, hasta que hace 5 años abandonaron su país porque quedarse significaba arriesgar la vida.

ClimbAID depende del trabajo de voluntarios de todo el mundo, que ponen su esfuerzo, conocimientos y tiempo en tratar de transmitir su pasión por la escalada a estos chicos y chicas. Esto me ha permitido tener, durante un mes, una pequeña familia de todos los lugares del mundo: Líbano, Australia, Alemania, Austria, Canadá, Túnez, EEUU, Reino unido o Japón, además de añadir una inyección de multiculturalidad a todas las sesiones con los chicos y chicas que trabajábamos.

boulder en Líbano
Por un día, cambiando la resina por la roca. Foto / Col. Lucas de Jesús

Nuestro foco de trabajo tuvo lugar en la gobernatura de Bekaa, a unos 20 km de la frontera siria, y a unos 40 de la capital, Damasco. En Líbano no existe una política de campos de refugiados, por lo que todas las personas y familias se organizan en pequeños asentamientos de diversos tamaños.

Nuestra labor consistía en colaborar con otras ONGs para conseguir crear grupos estables de adolescentes que asistieran a una sesión de escalada a la semana. Así, cada día realizábamos entre dos y tres sesiones en distintos lugares cercanos a nuestra ciudad (Chtoura), durante cinco días a la semana. Los fines de semana eran libres para disfrutar de los muchos sitios interesantes que ofrece Líbano.

En estas sesiones, tratábamos de impartir, a través de la escalada, con juegos ejercicios y entrenamientos, valores que consideramos importantes en este deporte y en la vida, como la perseverancia y el trabajo, la cooperación, el respeto y la igualdad de géneros, o el cuidado del medio ambiente entre otras cosas.

En total contábamos con más de 60 participantes a la semana, de entre los cuales aproximadamente una quincena eran chicas, lo cual ya es un éxito teniendo en cuenta la situación cultural. El tiempo que no dedicábamos a las sesiones, lo dedicábamos a buscar y desarrollar zonas de boulder en las montañas cercanas, a buscar nuevos partners, o a darle un lavado de cara a nuestro camión a través del equipamiento de nuevos bloques y travesías.

Crossing Lines ong
Actividad de slackline a cargo de Crossing Lines. Foto / Col. Lucas de Jesús

Me gustaría nombrar, aunque sea de pasada, a otra ONG con la que compartimos multitud de proyectos y formamos un gran equipo. Esta asociación se llama Crossing Lines y tiene una visión muy similar a la de ClimbAID, pero utilizando el slackline en lugar de la escalada. De esa forma, casi todos los días se ofrecían no solo sesiones de escalada en el camión, sino también de slackline, parkour o juegos de movimiento y baile.

Mi trabajo allí solo ha sido una mínima parte de lo que es un conjunto de la ilusión y esfuerzo de muchas personas durante varios meses este año, y podemos estar contentos con el desenlace.

Hace apenas unas semanas, el 23 de octubre, se celebró un evento que llevábamos mucho
tiempo preparando con los y las participantes: la primera competición de escalada celebrada en el Valle de la Becá, en nuestro camión, que contó con la participación de más de 40 competidores.

El objetivo último de toda ONG es no ser necesaria, convertirse en redundante. Desde ClimbAID, el fin último es el de crear una comunidad de escaladores y personas apasionadas por la escalada lo suficientemente grande para que no haga falta seguir trabajando allí. Pero eso es algo imposible actualmente.

La única estructura artifical escalable en todo el país es nuestro camión, junto con un par de pequeñas salas en Beirut, la capital del país, inalcanzable para los refugiados que no pueden abandonar el valle. Sin embargo, el primer paso está dado, y parece que para la próxima temporada se iniciarán las labores de construcción de un muro fijo y permanente, que permitirá a todas las personas que lo deseen la práctica de la escalada, así como la generación de una comunidad de jóvenes escaladores que, quién sabe, podremos encontrar en unos años en paredes de Margalef o Céüse.

Una reflexión final

Hubo un hombre que dijo una vez que el deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Ese hombre se llamaba Nelson Mandela y digo yo que alguna idea sobre el mundo tendría. La escalada es un deporte, si no me equivoco, ergo según la afirmación del señor Mandela, la escalada tiene el poder de cambiar el mundo, o al menos de hacer el mundo un lugar un poquito mejor.

Creo firmemente que vivimos en una sociedad lo suficientemente injusta, en la que no tomar partido frente a las injusticias te convierte en cómplice de éstas. Dicho esto, es probable que las razones intrínsecas para tomar la decisión de irse de voluntariado tengan una gran parte egoista de sentirse bien con uno mismo.

Si alguien está interesado en esto y cree en las posibilidades de la escalada para mejorar la vida de la gente, no necesita recorrer 6.000 km para ponerlo en práctica. He querido relatar mi experiencia porque creo en este deporte y en lo que ha hecho por mí, y creo que puede hacer mucho por otras personas.

Para terminar me gustaría expresar mi agradecimiento a Beat Martin, fundador de ClimbAID; a Mohammad Hamoud, coordinador de ClimbAID en Líbano y culpable de que esto siga adelante; a todos los voluntarios y voluntarias que han invertido su tiempo, energía y dinero y han sido mi familia durante un mes; a todos los donantes y patrocinadores que hacen posible que ClimbAID exista y sobre todo, a todos los participantes que me han enseñado mucho más sobre la vida de lo que yo les he enseñado sobre la escalada.

Campeonato Universitario de España de Boulder 2017. ¿Excepción o involución?

Plafón de escalada en malas condiciones

A veces se hace difícil creer que nuestro deporte será olímpico en apenas tres años. Sí sí, olímpico. Con himnos, coronas de laurel, retransmisiones internacionales y medallas similares a las que reciben deportistas como Phelps o Bolt.

Todavía es más difícil creer que después de la entrada de la escalada en el mundo olímpico, en nuestro país parece que hay cosas que no cambian, o como en este caso, cambian para peor.

Mientras a apenas 80 km de distancia se celebraba en Sputnik Climbing Center la segunda prueba de la Copa de España de Escalada Juvenil (al día siguiente sería la absoluta), con una organización de 10, vías de increíble calidad y muchos avances hasta ahora nunca vistos en competiciones nacionales, en Moralzarzal se celebraba, por tercer año, el Campeonato Universitario de España de Boulder.

En ediciones anteriores, el rocódromo privado Rock Game había albergado una competición que atrae a más de 80 escaladores, con muy buenas críticas por parte de todos y siendo un éxito rotundo en casi todos los aspectos. Este año, sin embargo, a petición del Ayuntamiento de Moralzarzal, la competición se celebraría en la plaza de toros municipal, un espacio al que muchos imaginamos que traerían muros y plafones del rocódromo y se montaría algo a la altura de los años anteriores.

Escalador calentando en una escalera
¿Zona de calentamiento? Foto / Lucas de Jesús

Nada más lejos de la realidad. Al llegar y ver el panorama general supe que la competición iba a dejar mucho que desear. Competidores calentando corriendo, haciendo flexiones y utilizando gomas de mil maneras distintas para poder calentar ante la ausencia de un muro o estrucutra de calentamiento. Ni una barra de dominadas, ni una tabla multipresa, ni siguiera un plafón con cuatro cantos tirados para poder calentar los dedos…

Equipadores tratando de reducir con un formón las grietas entre los paneles, que al haber estado años guardados en un almacén (estos paneles se utilizaban hace años en alguna competición, en unas condiciones mucho mejores a las de ahora) se habían mojado cogiendo humedad e hinchándose por algunos sitios, combándose la madera por otros, por lo que no terminaban de encajar. Picos salientes en las estructuras, rendijas de hasta varios centímetros en las juntas, tornillos y aristas sobresaliendo… Todo de lo más seguro.

Árbitros (muchos ya veteranos de numerosas competiciones) tapando con cinta y celo algunas de esas grietas o incluso porteando para evitar una desgracia en algún bloque.

Bloques que, a pesar de tener que lidiar con las estructuras, los equipadores se curraron demasiado… Ni volúmenes, ni variedad de presas y movimientos, ni diferencia de dificultad en los bloques. Hay que entender que en este campeonato participan desde personas que hacen 6b hasta personas que hacen 8b+ de boulder. Por no estar, no estaban ni marcadas las presas de salida, algo obligado por reglamento y que un equipador nacional debería conocer. Ni los agujeros del tornillo de las presas tapados. Si no están tapados se pueden coger, provocando situaciones de peligro como la que se vivió cuando a un competidor se le quedó el dedo atascado en la presa. Suerte que estaba en el suelo y no a dos metros de altura!

Accidente escalador dedo encajado en una presa
Dedo atrapado en una presa. Accidente evitable Foto / Lucas de Jesús

Mientras participaba en la clasificatoria no paraba de repetirme que esa competición no se debería estar celebrando, porque no era ni digno ni seguro, y los deportistas tenemos parte de culpa por no organizarnos y plantarnos desde el principio. Tras pasar entre los primeros 8 clasificados a la final, traté de organizarme junto a mis compañeros finalistas para plantarnos y no salir. Muchos, por compromiso con sus universidades o por decisiones personales, decidieron competir, lo cual respeto y admiro, especialmente después de haber estado más de una hora pasando frío en una zona de aislamiento (el corral de la plaza de toros), en la que el único instrumento para calentar era una escalera de rejilla y sus barandillas. Todo muy de categoría de campeonato de España.

Mi decisión de plantarme en la final y decidir no escalar simplemtente transmite mi opinión sobre lo acaecido y es una forma de mandar un mensaje, al menos a nivel personal como deportista (ya se están tomando medidas por otras vías para que esto no ocurra más), de que esta situación ni es digna, ni es aceptable. Y si en 2017, a tres años de la celebración de los juegos, sentarse en un banco con un cartel delante de un alcalde y un miembro del CSD puede conseguir algo, aunque solo sea provocarles vergüenza, el hecho de haber perdido la oportunidad de disputar la final no habrá sido en vano.

Por todo esto espero, desde lo más profundo, que esto solo haya sido el espejismo de una época oscura de las competiciones que considero abandonada, una excepción que no va a volver a pasar y que no marque un camino a seguir . Un camino que únicamente tiene un destino, la involución de este deporte.