No saldrá en los programas de deportes ni noticias de televisión, tampoco en los periódicos deportivos. Nadie grabará y repetirá en la gran pantalla hasta la saciedad el momento en que a la deportista le saltan las lágrimas y se emociona cuando anuncia su retirada. Y la verdad, no hace falta… eso se lo dejamos a los futbolistas.
Anna Stöhr ha dicho adiós a la competición de forma discreta, sin hacer mucho ruido. Un simple post en su perfil de Instagram ha sido suficiente para cerrar 16 años dedicados a las competiciones de escalada.
La escaladora austriaca lo ha expresado así: «Innsbruck 2018 debería haber sido mi última gran competición. Después de mi lesión en febrero lo he intentado todo para que funcionara, pero desafortunadamente no va a pasar. Echo la vista atrás a una increíble carrera competitiva. He podido recorrer el mundo apoyada por el mejor equipo que hubiera imaginado, Austria Climbing. He conocido a muchos escaladores que me han insipirado y he hecho muchos amigos en el camino. Siempre estaré agradecida por este capítulo de mi vida. Ahora es el momento de recuperarse y disfrutar la escalada al aire libre al máximo».
Sencilla, modesta, sincera y siempre discreta. Todo lo contrario a muchas de las estrellas del deporte. Eso sí, cuando salía a competir, ponía los puntos sobre las íes, sacaba todo su talento, y no dejaba lugar a la duda. Allí estaba la austríaca para hacer más bonus y tops que nadie, y sobre todo, para dar espectáculo. Un espectáculo, el de las competiciones de boulder, que durante mucho tiempo echará de menos a la gran Anna Stöhr.
Por cierto, no veremos nada en los medios de comunicación generalistas españoles, aunque en Austria seguro que le harán caso. No por ser su lugar de nacimiento, sino porque la escalada allí es un deporte reconocido en todo el país, en el que se cree y se invierte.
Anna Stöhr, a sus 30 años, es una de las mejores competidoras de boulder de todos los tiempos, quizás la mejor. Los títulos hablan por ella. Dos veces campeona del mundo, en 2007 y 2011; cuatro veces ganadora de la copa del mundo, en 2008, 2011, 2012 y 2013; y doble campeona de Europa, en 2010 y 2013.
Su mejor año lo firmó en 2011, cuando consiguió el doblete, ganando en Arco (Italia), el campeonato del mundo e imponiéndose también en la copa. Dos años después, en 2013, ganó su último título mundial, y lo hizo a lo grande, subiendo al cajón más alto del podio en siete de las ocho pruebas de la copa del mundo. En definitiva, un palmarés difícil de superar.
La roca tampoco se le ha dado mal a Stöhr. Y lo que le queda. El año pasado alcanzó su máximo nivel encadenado con dos problemas de 8B+: The Penrose Step, en Leavenworth (Estados Unidos), y New Base Line, en Magic Wood (Suiza).
Por debajo de ese grado cuenta con ocho problemas de 8B, entre los que destacan grandes clásicos del boulder mundial como Meadowlark Lemon o The Riverbed.
No cabe duda que una vez recuperada de su lesión y sin un estricto calendario de competiciones a seguir, Anna Stöhr volverá a las primeras páginas de la actualidad.
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