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El mainstream se calza los pies de gato

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Coworking 22 Bishopsgate Londres
El coworking 22 Bishopsgate, en Londres, alberga un rocódromo con vistas Foto / PLP Architecture

Aunque siempre me han gustado los deportes de montaña, no conocí la escalada hasta hace relativamente poco. Desde el primer día lo que más me emocionó fue la forma de afrontar los retos, los valores que transmite y la forma de vida de los climbers. Esa manera de vivir tan bohemia y apasionada, donde todo es relativo y donde solo existen la roca y los colegas.

Mi deporte, como el de muchos otros, siempre ha sido el fútbol. Un deporte que se ha convertido en puro negocio, donde todo (deportistas, técnicos, clubes, estadios,…) se vende al mejor postor; donde lo importante no es ganar trofeos, sino que te vean en China por televisión; o donde se pagan fortunas por jugadores para que vendan camisetas.

Lo peor de todo es la imagen que se da a los más pequeños y la falta de valores que se les trasmite. Hoy, un niño juega a futbol, no para divertirse o pasárselo bien con sus amigos, sino para ser el nuevo Messi y ganar un pastón. Para sus padres, es más importante comprarle “las botas de Cristiano” que darle una buena formación académica, o que sea el pichichi del equipo en vez de que aprenda valores como el compañerismo, la generosidad o el respeto por el adversario.

Es por eso que, cuando supe que la escalada se convertiría en deporte olímpico, en Tokio 2020, me entró un escalofrío. Es verdad que en los últimos años el mainstream ha empezado a calzarse los pies de gato y es frecuente ver vías tan llenas de gente como la Rambla de Barcelona, pero la esencia sigue más o menos intacta.

¿Pueden las Olimpiadas transformar la escalada en un negocio? Sinceramente, no lo sé. Obviamente, la repercusión que tiene un evento de ese calibre es impresionante e incrementará la práctica del deporte, pero espero que no vaya a más. No me gustaría que lo que a día de hoy es simplemente una forma de conectar con la naturaleza se convierta en un negocio.

¿Os imagináis a escaladores con camisetas llenas de parches de publicidad y pies de gato fluorescentes? ¿Os imagináis que se valorara más lucir peinado o tatuajes que el grado de dificultad?  ¿Os imagináis ruedas de prensa en plan “no hay vía fácil” o “hay que ir pegue a pegue”? ¿Os imagináis que al acabar la vía, el climber de turno se pasara 20 minutos firmando autógrafos y haciéndose selfies?

Yo no lo quiero ni pensar…